Corregir errores en inglés en niños es necesario para que mejoren. Pero corregir cada error, inmediatamente y de la misma manera, puede acabar provocando justo lo contrario de lo que buscamos: que hablen menos.
La cuestión no es si debemos corregir.
La cuestión es qué corregir, cuándo hacerlo y cómo intervenir sin convertir cada conversación en un examen.
“Yesterday I goed to the park.”
Está mal.
Pero antes de corregirlo, fijémonos en todo lo que acaba de hacer ese niño.
Ha recordado vocabulario.
Ha construido una frase.
Ha intentado utilizar el pasado.
Ha organizado una idea.
Y, sobre todo:
ha comunicado algo en inglés.
Entonces llega la pregunta importante.
¿Hay que detenerlo inmediatamente para corregir goed?
No siempre.
¿Hay que corregir todos los errores cuando un niño habla inglés?
No.
Pero tampoco se trata de ignorarlos.
Un niño necesita descubrir que goed no es went, que determinadas estructuras funcionan de una manera concreta y que algunos sonidos del inglés requieren práctica específica.
El problema aparece cuando asumimos que cada error necesita una corrección inmediata.
Imaginemos esta conversación:
— What did you do yesterday?
— I goed to the park with my dad.
— No. Not goed. Went. You have to say “I went to the park”.
La corrección es correcta.
Pero la conversación acaba de detenerse.
Hace un segundo el niño estaba contando algo.
Ahora está pensando en una regla gramatical.
Y esas dos tareas no son exactamente lo mismo.
Por qué demasiada corrección puede hacer que un niño hable menos
Hablar una segunda lengua exige mucho más esfuerzo mental de lo que parece.
Mientras habla, un niño puede estar intentando al mismo tiempo recordar vocabulario, elegir una estructura, ordenar palabras, producir sonidos nuevos, escuchar a otra persona, comprenderla y preparar una respuesta.
Todo en unos segundos.
Si además añadimos una preocupación constante:
“¿Lo estaré diciendo bien?”
hablar se vuelve todavía más difícil.
Y aparece una estrategia perfectamente lógica:
decir menos.
Respuestas más cortas.
Frases seguras.
Una sola palabra en lugar de una idea completa.
Esperar a que responda otro alumno.
No arriesgar.
Y ahí tenemos un problema.
Porque para aprender a hablar inglés hay algo que el alumno inevitablemente tiene que hacer:
hablar inglés.
Un error no siempre impide entender
No todos los errores tienen el mismo peso.
Hay errores que dificultan mucho comprender el mensaje.
Otros no interfieren prácticamente nada.
Yesterday I goed to the park.
Es incorrecto.
Pero entendemos perfectamente lo que significa.
Eso nos da opciones.
Podemos corregir inmediatamente.
Podemos esperar.
Podemos reformular de manera natural:
— Oh, you went to the park? What did you do there?
O podemos recuperar ese error más adelante.
La decisión ya no es simplemente:
correcto / incorrecto.
La pregunta pasa a ser:
¿qué intervención ayudará más a este alumno en este momento?
Cómo corregir errores en inglés en niños sin frenar el speaking
Corregir no significa necesariamente parar al alumno y darle la respuesta.
Podemos hacer algo más útil:
ayudarle a encontrarla.
Por ejemplo:
— Yesterday I go to the park.
Profesor:
— Yesterday…?
Pausa.
El alumno piensa.
— Went.
Eso cambia completamente la corrección.
No hemos sustituido su respuesta por la nuestra.
Le hemos obligado a recuperar el inglés que ya conoce.
Otro ejemplo:
— He have a dog.
Profesor:
— He…?
Alumno:
— He has a dog.
Una pequeña pista puede conseguir mucho más que una larga explicación.
El alumno detecta.
Piensa.
Repara.
Y continúa.
Corregir no es lo mismo que enseñar
Decir:
No, that’s wrong.
puede señalar un error.
Pero enseñar implica algo más.
Queremos que el alumno aprenda a escuchar, detectar diferencias, recordar, recuperar lenguaje, reformular y volver a intentarlo.
Una buena corrección no debería tener únicamente como objetivo conseguir una frase correcta.
Debería ayudar al niño a construir mejores herramientas para la siguiente conversación.
Fluidez y precisión no son exactamente lo mismo
Hay momentos de una clase en los que la precisión debe ser protagonista.
Por ejemplo, si estamos trabajando específicamente el pasado:
I went.
She went.
We went.
Tiene sentido fijarnos mucho en la estructura.
Pero después podemos cambiar el objetivo.
Ahora queremos que los alumnos expliquen qué hicieron durante el fin de semana.
Queremos respuestas.
Preguntas.
Reacciones.
Historias.
Comunicación.
La precisión continúa siendo importante, pero no necesitamos detener cada frase para analizarla.
Primero conseguir decirlo.
Después conseguir decirlo mejor.
No son objetivos opuestos.
Son partes distintas del aprendizaje.
Hablar bien inglés no significa hablar sin errores
Un niño que intenta utilizar lenguaje cada vez más complejo probablemente cometerá errores.
Es normal.
De hecho, a veces un error aparece precisamente porque el alumno está intentando ir un poco más allá de aquello que domina completamente.
Si premiamos únicamente las frases perfectas, podemos acabar premiando una estrategia muy poco útil:
decir poco para equivocarse poco.
Pero desarrollar el speaking requiere también experimentar.
Intentar.
Equivocarse.
Reformular.
Volver a probar.
Y seguir hablando.
Cómo corregir la pronunciación en inglés de los niños
Con la pronunciación ocurre algo parecido.
Trabajar los sonidos del inglés desde pequeños es importante.
Pero perseguir cada sonido incorrecto durante una conversación puede provocar que el niño deje de pensar en lo que quiere decir y empiece a pensar exclusivamente en cómo lo está diciendo.
Por eso la pronunciación necesita también sus propios momentos.
Escuchar.
Comparar.
Repetir.
Detectar diferencias.
Ajustar.
Volver a probar.
Después, cuando llega la comunicación espontánea, ese trabajo empieza progresivamente a aparecer.
Una cosa es trabajar específicamente un sonido.
Otra muy distinta es convertir cada conversación en una prueba de pronunciación.
Una buena corrección mantiene la conversación viva
Esta puede ser una buena manera de decidir cuándo intervenir.
Si un alumno no conoce una palabra, podemos ayudarle rápidamente para que continúe.
Si utiliza una estructura que estamos trabajando, podemos darle una pequeña pista.
Si pronuncia algo de forma que no podemos entenderlo, podemos modelarlo.
Si el error no afecta al mensaje, quizá podamos recuperarlo después.
La pregunta del profesor no debería ser solamente:
“¿Está bien o está mal?”
También:
“¿Qué necesita ahora para poder seguir hablando?”
Aprender a reparar también es aprender inglés
Hay otra habilidad que muchas veces pasa desapercibida.
Saber salir de un problema.
Incluso una persona que habla muy bien una segunda lengua puede olvidar una palabra, construir una frase extraña o no conseguir explicar algo a la primera.
Pero sabe reparar.
Puede decir:
I mean…
Let me say that again.
What I want to say is…
I don’t know the word, but…
Eso también es saber inglés.
Por eso nuestro objetivo no debería ser crear alumnos que nunca se equivoquen.
Debería ser crear alumnos capaces de seguir comunicándose incluso cuando algo sale mal.
Entonces, ¿cuándo debemos corregir?
Podemos hacernos algunas preguntas.
¿El error impide entender el mensaje?
¿Es precisamente la estructura que estamos trabajando?
¿Puede el alumno encontrar la solución con una pequeña pista?
¿Necesita realmente una explicación ahora?
¿Podemos recuperarlo después?
¿Nuestra corrección ayudará a continuar hablando o interrumpirá por completo la comunicación?
Ahí está una parte importante del trabajo de un buen profesor.
No corregir automáticamente.
Decidir.
Corregir errores en inglés en niños sin crear miedo a hablar
En nuestras clases de inglés en Sant Andreu, Barcelona, trabajamos la corrección como parte del proceso de comunicación.
Hay momentos para trabajar gramática.
Momentos para afinar pronunciación.
Momentos para repetir.
Momentos para reparar.
Y momentos en los que queremos que el alumno simplemente utilice todo ese inglés para conseguir algo:
explicar, preguntar, responder, reaccionar o hacerse entender.
Porque si queremos desarrollar el speaking necesitamos algo bastante obvio, pero que a veces se olvida:
los niños tienen que hablar mucho inglés.
El objetivo no es el silencio perfecto
Un niño que habla mucho inglés cometerá errores.
Es inevitable.
Y también significa que está haciendo algo imprescindible:
está usando el idioma.
Nuestro objetivo no es conseguir alumnos que nunca se equivoquen.
Es conseguir que puedan decir cada vez más cosas, con más claridad, más precisión, mejor pronunciación y mayor autonomía.
Porque para aprender a hablar mejor hay que tener primero espacio para hablar.
Menos miedo a equivocarse.
Más razones para hablar.
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